Cómo ser citólogo. Requisitos, sueldo y cursos

La citología posiblemente sea una de las ciencias más interesantes que existen. Esto se debe a que tiene su razón de ser en un punto intermedio entre la biología y la medicina, lo que posibilita que los avances que se producen y se logran en un terreno puedan tener una incidencia directa en el otro. Especialmente en el mundo de la ginecología, el papel que desempeña el citólogo adquiere mucha relevancia, pero se trata de un perfil profesional que también está presente en otros ámbitos, especialmente en los relacionados con el ámbito sanitario. En este artículo abordaremos el papel del citólogo desde todas las perspectivas posibles para ofrecer al lector una visión que resulte lo más atinada posible.

Qué hace un citólogo

Como hemos señalado la citología es una ciencia. Tiene como principal objeto el estudio de todo aquello que guarde relación con el comportamiento que presentan los seres vivos poniendo especial énfasis en lo que tenga que ver con los seres humanos porque son los que, a lo largo de la historia y la evolución que han experimentado, han acumulado un mayor número de retos, funciones y aplicaciones. La citología experimentó un importante avance con la aparición del microscopio debido a que la invención de este instrumento supuso un paso muy importante y decisivo en el estudio celular, aunque es cierto que con anterioridad a la existencia del microscopio la ciencia en general y la medicina en particular ya se habían aproximado al estudio de las células de los distintos seres vivos.

Tomando como base lo descrito hasta este punto, podemos determinar que el citólogo es un profesional que se encarga de aplicar la citología entendiendo a esta como una ciencia experimental que, desde un punto de vista microscópico, se dedica a la observación del comportamiento de las células. Pone el foco de atención en estas partículas porque la visión macroscópica del cuerpo humano y del de cualquier ser vivo evidencia que cualquier tipo de alteración a nivel celular implica de forma clara un estímulo o reacción dentro de todo el cuerpo.

Por ejemplo, el citólogo tiene como metas profesionales la consecución de curas para enfermedades de gran envergadura como pueden ser el sida, la tuberculosis, el cáncer o enfermedades de origen venéreo o de calibre viral en las que la cepa de una bacteria puede influir de forma negativa en la masa de células de un cuerpo. Por todo esto, posiblemente no sea descabellado señalar que los citólogos se encuentran en la base de la bilogía moderna y por ello en su día a día profesional tienen un campo de actuación muy amplio.

Por otra parte, podemos apuntar que la unidad de medición con la que más trabaja el citólogo es el micrómetro. Esta unidad permite la visión de células muy pequeñas que pueden tener partes de tejido sacadas mediante trabajos de corte, extracción y raspado. Para ello suele resultar indispensable el empleo de algunas técnicas de separación y coloración. Los citólogos también se encargan de llevar a cabo exámenes de laboratorio con la intención de descartar algunas afecciones que se pueden generar por medio de la intervención de algún virus.

Este proceso que hemos descrito que realiza el citólogo es lo que se conoce como citología y estos exámenes resultan muy útiles, por ejemplo, para fijar la existencia o no del Virus del Papiloma Humano (VPH). Las pruebas sobre esta enfermedad también pueden recibir el nombre de «papanicolaou». Este virus desarrolla una enfermedad que se contagia con gran facilidad y en la que el paciente puede presentar síntomas tanto externos como internos. La visión de laceraciones cutáneas y verrugas, que aparecen con asiduidad en la zona genital del paciente, son los rasgos que permiten al citólogo determinar con el mayor grado de exactitud posible la existencia de este virus.

De igual manera, el citólogo se puede encargar en su jornada laboral de abordar las enfermedades que pueden presentar otros órganos afectados por carcinomas. En estos casos concretos la labor del citólogo se enfocará más en determinar el nivel de afección que presenta el órgano en cuestión y en el detenimiento y aislamiento de la parte afectada para evitar su expansión a otras zonas del cuerpo del ser vivo.

Requisitos para ser citólogo

La hoja de ruta que debe seguir una persona interesada en ser citólogo comienza por la formación. Existe el título en «Técnico Superior en Anatomía Patológica y Citodiagnóstico». Con este módulo los alumnos se familiarizan con la consecución de muestras biológicas y también con otras tareas como acondicionar debidamente las muestras para su posterior estudio, realizar técnicas necrópsicas y médicolegales y aplicar técnicas de análisis genético, inmunohistoquímico y biología molecular, entre otras.

Existen varias vías para poder acceder al estudio de esta titulación. Una de ellas es a través de la superación de cualquiera de las modalidades existentes de bachillerato. También se puede entrar en este módulo a través de uno de los ciclos formativos de grado medio y grado superior que existen en la actualidad y a través de las pruebas de acceso existentes para estos ciclos para mayores de 19 y 25 años. Según la franja de edad, los interesados se deben enfrentar a unas pruebas específicas.

Las horas formativas que reciben los estudiantes de este módulo son 2.220. De ellas, 2.000 se dedican a formación teórica y las 220 restantes a formación en centros de trabajo mediante la realización de programas de prácticas profesionales. El material teórico de estos estudios se organizan en torno a 12 bloques temáticos en los que los alumnos abordan materias como biología molecular y citogenética, citología general y ginecológica, necropsias y gestión de muestras biológicas.

Sueldo de un citólogo

De media en España, el sueldo que tiene un citólogo se sitúa en los 1.110 euros brutos mensuales, lo que significa que la retribución anual de estos profesionales ronda los 12.000 euros. En cualquier caso, esta cantidad se puede ver incrementada por conceptos como la antigüedad. De esta manera, en nuestro país los citólogos pueden llegar a cobrar hasta 20.000 euros brutos anuales.

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